6-Una breve mirada a los paisajes de Canarias PDF Imprimir E-mail

 

6.3. Los paisajes de Tenerife

El paisaje de Tenerife, si bien guarda estrecha relación con los paisajes descritos para Canarias, presenta numerosas singularidades debido a una mayor altitud y extensión de la isla.

Este paisaje ha sido caracterizado para la elaboración del Plan Territorial Especial de Ordenación del Paisaje de Tenerife, pero atendiendo a la finalidad didáctica de este dossier, a continuación se describen de forma sencilla los paisajes más representativos sin responder a una clasificación en sentido estricto:

 6.3.1. Las costas. Paisajes junto al mar

Las costas de Tenerife comprenden, aproximadamente, los primeros 200 metros sobre el nivel del mar. Es un paisaje formado por un collage de playas, acantilados, núcleos turísticos, invernaderos, pueblos pesqueros... En general, es la franja que tiene unas condiciones ambientales más agradables.

Los paisajes costeros son abiertos y el azul suele ser un color prácticamente constante. El cielo despejado y el mar se extienden a menudo ante nuestros ojos. En las costas naturales, el complemento lo ponen las rocas o la arena cuyos colores varían entre los tonos blanquecinos de las pumitas del sur a los oscuros basaltos del norte.

En la vertiente sur predominan las líneas horizontales de laderas que acaban en playas de arena. Las vistas se alargan, normalmente, hasta acabar en el horizonte. Esta configuración espacial transmite cierto sosiego, especialmente cuando el mar está en calma. En algunos casos, las costas están asociadas a núcleos turísticos, que diversifican en mayor o menor medida las formas, texturas y colores del paisaje.

Las pendientes suaves y el grado de humanización de estos paisajes del sur contrastan con las características de las costas del norte. Algunas están protagonizadas por paredes verticales o acantilados, en las que es posible distinguir un amplio abanico de colores, formas y texturas. En algunos casos, donde se acumula algo de suelo fértil, estos acantilados se cubren de vida. Por otra parte, a veces en su base se forma una llanura de tierra que ha ganado terreno al mar, y que conocemos como Isla Baja. En estas extensiones llanas próximas al mar (al igual que en las costas del sur) se extienden parcelas de cultivo al aire o dentro de invernaderos. La mayoría son plataneras, aunque también aparecen flores, tomates y frutales.

Estos cultivos forman parte del arraigo cultural de Tenerife, y caracterizan de forma única estos paisajes, al igual que los pueblos pesqueros y otras huellas de nuestra historia, como pueden ser salinas o pequeños embarcaderos.

En otras zonas predominan los valores naturales. La vida está protagonizada por matorrales bajos adaptados a la maresía, muchos de los cuales son endémicos o exclusivos de Canarias o, incluso, de Tenerife. Aparecen el cinturón halófilo costero y el cardonal – tabaibal, dos tipos de matorral formados por especies cuyas  formas curiosas les permiten retener el agua que pueden tomar del suelo y el ambiente.

Faro de Teno, en Buenavista del Norte
Estos paisajes naturales van cambiando con el paso de las estaciones. Durante el verano se tornan de color cenizo y en cuanto aparecen las primeras lluvias se produce una explosión de vida. Todo reverdece y pronto las puntas de las ramas se ven adornadas con flores de colores. Las pinceladas de detalle las pone la fauna, que aparece en forma de aves de pequeño tamaño y lagartos tizones de gargantas azuladas.

A partir de principios del siglo XX, los cambios en la costa se aceleraron. Primero se abrieron las galerías y canalizaciones para llevar el agua a todas partes y, seguidamente, aparecieron distintos cultivos de exportación, especialmente las plataneras, que cubrieron grandes extensiones tanto en el norte como en el sur de la isla. Posteriormente, a partir de los años 60, apareció el turismo, y con él nuevos cambios en muchos sectores. Hoy en día, los hoteles, campos de golf, paseos y piscinas, entre otras infraestructuras, han pasado a tener un papel muy importante en esta franja. Estas infraestructuras responden a la demanda de casi 4 millones de visitantes anuales que eligen Tenerife como destino de vacaciones a causa, entre otras cosas, de sus atractivos paisajes.

Playa de Los Cristianos
Pero no solo el turismo se ha instalado en la costa. Esta franja es la favorita de la población para vivir y trabajar. Por ello, en los últimos años los paisajes urbanos se han incrementado en gran medida, sobre todo a costa de los paisajes naturales (que desaparecen). Como resultado, en la actualidad, un alto porcentaje de la costa accesible y no incluida en Espacios Naturales Protegidos está urbanizada o dotada de servicios.

Es necesario tomar consciencia de este crecimiento y planificar cómo desearíamos que fuera la evolución de los paisajes costeros. Ya en el Plan Insular de Ordenación Territorial de Tenerife se establecen categorías de suelos con diferente régimen de usos. Por otra parte, el Plan Territorial Especial de Ordenación del Paisaje plantea la importancia de conservar y restaurar el paisaje litoral, para mejorar su calidad y estrechar el vínculo entre la población y el mar.

De esta forma, se prevé alcanzar un mayor equilibrio entre los tipos de paisaje de la costa y más armonía entre los elementos que conforman cada uno de ellos, especialmente en los espacios urbanos.

6.3.2. Las medianías

Establecida entre los 200 y los 1.000 metros, la medianía es, como su propio nombre indica, la franja de Tenerife comprendida a una altitud a medio camino entre la costa y la cumbre. En sus paisajes se mezclan en gran medida los componentes naturales con los culturales.

La medianía contiene matorrales de tabaibas y cardones y bosquetes de dragos, sabinas y palmeras (en la actualidad, muy reducidos).  Estos elementos naturales se ven interrumpidos por muchos núcleos urbanos, como la mayor parte de las capitales municipales. Encontraremos también zonas periurbanas, protagonizadas por carreteras insulares, actividades comerciales o industriales.

Medianía de La Orotava
Pero de todos los paisajes de esta franja altitudinal, los más destacados son los de tipo rural. Es en la medianía donde tradicionalmente se han dado las mejores condiciones en el clima y en el suelo para poder cultivar. Los viñedos, las papas y las huertas de verduras y hortalizas están casi siempre en esta franja.

El encuentro de todos estos elementos da lugar a paisajes abiertos sobre laderas de pendiente variable. Aparecen colores diversos, pero predominan especialmente tonos cálidos como los marrones y verdes, especialmente en aquellos espacios con predominio de elementos naturales o rurales.

En los espacios urbanos, tanto dentro de las ciudades como en las carreteras que las conectan, las líneas, colores y texturas se diversifican aún más, y en muchos casos han dado lugar a paisajes de baja calidad en los que es necesario intervenir.

A pesar de ello, lo cierto es que la medianía es la franja que mejor refleja nuestra historia y nuestra cultura. Ejemplos de ello son casas señoriales, caseríos, caminos reales y así un largo etcétera. Muchos de estos elementos de nuestra historia están protegidos como Bienes de Interés Cultural.

Chirche, Guía de Isora
Pero estos paisajes también tienen un gran valor natural. Por encima del tabaibal-cardonal, donde ya no llega la “maresía” pero la temperatura aún es cálida, aparecen sabinas, palmeras y dragos dispersos. Al contrario que otros bosques de la isla, estos a menudo aparecen mezclados con elementos rurales como caseríos o cultivos. El paisaje que genera su presencia es siempre singular y característico.

En algunos sectores de la vertiente norte, ya en la franja de contacto con los pinares y la cumbre, aparece la laurisilva o monteverde, otro bosque de valor natural incalculable, donde los tonos de verde son interminables y la humedad, una constante.

Antes de la llegada de la población a la isla, estos bosques de medianía ocupaban mucho más espacio. Sin embargo, el aumento de la población a lo largo de la historia, unido a la buena calidad de la madera de sus árboles, hizo que fueran objeto de talas excesivas. Los suelos que quedaron libres se utilizaron para crear núcleos de población o introducir parcelas de cultivo, especialmente viñedos, un tipo de paisaje que en la actualidad también forma parte de la personalidad de Tenerife.

En general, los paisajes de la medianía son los más propicios para llevar a cabo muchas intervenciones humanas. En ellos se realizan a menudo actuaciones que suponen ocupación de suelo, extracción de materiales y emisión de contaminantes. En algunas zonas más frágiles o con mayor calidad visual, esto puede suponer deterioros importantes. Por este motivo, es fundamental planificar detenidamente un régimen de usos coherente que permita el desarrollo de estas zonas sin poner en peligro la armonía de los paisajes y mejorando aquellos que tienen poca calidad.

Al mismo tiempo, se debe trabajar para la recuperación de los paisajes naturales propios de esta franja, por ejemplo los sabinares o el monteverde. Hoy en día muchas parcelas agrícolas están abandonadas y no está previsto volver a ponerlas en cultivo. En muchas de ellas, recuperar los elementos naturales es la mejor opción. En otras zonas donde sí se mantienen las actividades agrarias, las líneas de actuación van orientadas a responsabilizar a sus propietarios para que mantengan las parcelas limpias y en funcionamiento.

Por todo ello, es fundamental conservar, recuperar y mejorar el espacio y las actividades agrarias atendiendo a sus dimensiones económica, sociocultural y paisajística. Para lograrlo a corto y a largo plazo, se pueden realizar acciones diversas, desde el fomento de los huertos escolares o la incorporación de la dimensión ecológica en la agricultura tradicional.

También sería interesante dedicar esfuerzos a la rehabilitación, recuperación y puesta en valor de caminos y puntos estratégicos de alta visibilidad, a la restauración de áreas donde se hayan extraído áridos para construcción, y, en general, a la mejora del paisaje urbano y rural.

 6.3.3. Las cumbres

Los paisajes de cumbre aparecen a partir de los 1.000 metros, donde ya predominan claramente los elementos naturales, principalmente los pinares y el paisaje volcánico. De hecho, los paisajes naturales más extensos y mejor conservados de Tenerife se encuentran en esta franja. También existen algunos elementos humanos, como las carreteras o los equipamientos de uso público (centros de visitantes, áreas recreativas, senderos, etc.), pero prácticamente no existen asentamientos poblacionales. En general, los elementos abióticos y bióticos predominan siempre sobre los antrópicos.

Actualmente la mayor parte de los paisajes de la cumbre están protegidos. El territorio comprendido dentro del Parque Nacional del Teide, también cuenta con el reconocimiento de la UNESCO como Patrimonio Mundial. Uno de los motivos principales de esta protección es la singularidad de los valores paisajísticos. En el Teide, la mayor parte del año predominan los colores cálidos de las rocas volcánicas y los cielos azules. Las nubes algodonosas forman un mar a una altitud más baja, cuya suave textura contrasta con la de las agrestes coladas desnudas. En general, predominan las líneas horizontales, interrumpidas por elementos verticales como roques, conos volcánicos y crestas, que dan mucha fuerza al paisaje. En conjunto la diversidad de texturas y formas, unido a la vegetación que conforma el matorral de cumbre dan lugar a un paisaje único en todo el Planeta.

Parque Nacional de El Teide
Alrededor de este paisaje de alta montaña, formando una especie de corona, se extiende el pinar canario, el tipo de bosque más extenso y representativo de Tenerife. El elemento protagonista es el pino canario. Desde los miradores que dan acceso a la cumbre, evoca una alfombra continua de color verde y formas suaves.

Sin embargo, el aspecto de los pinares puede variar mucho. En los que se encuentran en mejor estado, los pinos tienen formas y tamaños distintos, están separados entre sí, y por lo tanto hay muchas zonas soleadas entre pino y pino, donde pueden crecer otras plantas, como corazoncillos, codesos o jaras. Muchas veces, este matorral, denominado “sotobosque”, conforma matorrales con entidad propia: escobonales, jarales, codesares, retamares...

Pinar en la cabecera del Valle de La Orotava
En el pasado, los pinares fueron objeto de talas indiscriminadas que ocasionaron grandes estragos. Estas tuvieron lugar durante varios siglos, para obtener combustible y materias primas con las que construir edificios y barcos. Ya en el siglo XX se hizo urgente llevar a cabo reforestaciones en las laderas desnudas. En estas actuaciones se plantó pino canario, pero también especies foráneas de crecimiento más rápido, como el pino insigne o el eucalipto. Como resultado de la mala gestión posterior, se generaron pinares en los que los árboles están demasiado juntos y alineados. No queda espacio para que crezcan con soltura ni para que la luz llegue al suelo. Los pinares de pino insigne, además, no se adaptaron bien al clima canario y hoy se encuentran en mal estado.

Por otra parte, en las cumbres la actividad más dañina fue el pastoreo de cabras. Había tantas cabezas de ganado que incluso muchas especies de flora llegaron a estar al borde de la extinción. Al mismo tiempo, esta actividad mantuvo abiertos caminos tradicionales que hoy conforman las redes de senderos.

Con la declaración del Parque Nacional del Teide en 1954 y el Parque Natural de Corona Forestal en 1994, comenzaron a definirse prioridades en las líneas de gestión orientadas a conservar la integridad de estos lugares. Para empezar, se prohibió el pastoreo en la cumbre, lo que supuso una recuperación sorprendente en la vegetación. Por otra parte, actualmente se lleva a cabo una minuciosa gestión en los montes, para acercarlos más a su estado natural y mejorar su biodiversidad. Como resultado, podemos afirmar que los paisajes de la cumbre tienen una calidad visual muy alta y que se encuentran cercanos al equilibrio, porque las intervenciones humanas que se dan en ellos no suponen un impacto significativo.

 6.3.4. Paisajes recién nacidos: Volcanes y malpaíses

 Tenerife es una isla que ha registrado erupciones volcánicas hasta épocas recientes. Por eso, entre sus paisajes cuenta con una representación de volcanes y malpaíses, de colores oscuros y aspecto agreste, en los que dominan los componentes abióticos. En sus rocas todavía se adivinan las corrientes de lava, convertida en “lagos” de rocas irregulares en tamaño y forma, aparentemente desprovistas de vida. Sin embargo, a una mayor escala, descubrirás líquenes que tapizan las rocas y pequeños invertebrados que, durante las horas de sol, permanecen adormilados a la sombra. Estos seres vivos son el primer eslabón de la cadena de colonización de estos territorios. En los sectores un poco más antiguos, crecen ya plantas superiores, como algunos bejeques o pinos canarios dispersos. En conjunto, los malpaíses son un laboratorio natural para estudiar cómo se las arregla la vida para colonizar estos territorios nuevos y difíciles.

Volcanes recientes en la Dorsal de Abeque
En estos paisajes, donde las líneas horizontales son predominantes, normalmente sobresale uno o varios conos volcánicos redondeados. Estas pequeñas montañas se forman durante la erupción volcánica por la acumulación de pequeñas “piedrecitas” incandescentes, denominadas técnicamente piroclastos y que aquí se conoce como picón. Normalmente, los conos volcánicos tienen forma de herradura abierta hacia donde corrió el río de lava que originó el malpaís.

En Tenerife, la mayor parte de paisajes de volcanes y malpaíses están en el Parque Nacional del Teide, pero no son los únicos. También encontramos territorios volcánicos recientes en la Dorsal de Abeque, situada al oeste de la isla, donde se alinean volcanes tan conocidos como Chinyero (del año 1909) o Trevejos (del año 1706). 

6.3.5. Las arrugas de la tierra: Barrancos y valles

A lo largo de toda su geografía, Tenerife está surcada de barrancos más o menos profundos que cortan las laderas desde la cumbre hasta la costa. Estos surcos son producto de la erosión, provocada sobre todo por las aguas de escorrentía a lo largo de cientos de miles de años. En algunos lugares los barrancos se han ensanchado hasta formar valles.

Valle de Guerra (San Cristóbal de La Laguna)
Su configuración espacial depende de muchos factores. Algunos son ambientales, como la frecuencia y la intensidad de las lluvias, así como la pendiente y la orientación de las laderas. También influye la edad geológica y la composición de las rocas que conforman el lugar.

En general, los barrancos cuentan con una frondosa cubierta vegetal, porque el ambiente suele ser más fresco que en los alrededores. Además, el agua de la lluvia que corre estacionalmente por algunos cauces, arrastra semillas procedentes de zonas más altas de la Isla. En cambio, el carácter abierto de los paisajes de los valles y la acumulación de suelo fértil ha provocado que se configuren paisajes de carácter rural, con presencia de caseríos y parcelas en cultivo.

Formas curiosas en el barranco de Masca
En casi cualquier recorrido por la isla de Tenerife te tropezarás con algún barranco. Algunos están dentro de las ciudades, como el Barranco de Santos en Santa Cruz de Tenerife, pero la mayoría los descubrirás en entornos naturales. Algunos ejemplos impresionantes son el barranco de Masca (Buenavista del Norte) o el barranco del Río (límite de término municipal entre Granadilla y Arico).

Los valles son paisajes más suaves y por tanto menos evidentes. Valle Santiago, Valle de Guerra o el Valle de El Palmar son algunos ejemplos. Otro tipo de valles más grandes, que se formaron a raíz de grandes deslizamientos de masas de tierra hacia el mar, son el Valle de La Orotava y el Valle de Güímar. Pero debido a sus mayores dimensiones, el elemento predominante no es el propio valle como accidente geográfico, sino que conviven varios tipos de paisaje: núcleos de población, cultivos, espacios naturales, etc. 

6.3.6. Los abuelos de Tenerife: Los macizos antiguos

Ciertas zonas de Tenerife tienen un paisaje claramente caracterizado por fuertes contrastes en las formas del relieve. Roques irregulares, lomas y barrancos con caídas de vértigo, o diques afilados que sobresalen como cuchillas son algunos elementos que dan personalidad propia a los macizos de Anaga, Teno y Adeje.

Su abrupto relieve se debe a que son las zonas más antiguas de Tenerife, con más de 7 millones de años de antigüedad en algunos sectores. Durante todo este tiempo han estado sometidos al modelado de la erosión, especialmente por el agua de la lluvia.

Sus valores paisajísticos son evidentes y habitualmente atractivos a nuestros ojos. Los contrastes en las formas y las líneas favorecen la presencia de una rica biodiversidad, que aprovecha los microclimas generados en laderas y barrancos. Así, en sus rincones se refugian especies de flora y fauna, algunas de las cuales no viven en ningún otro lugar del mundo, como la tabaiba mejorera o el lagarto gigante de Teno. Por todos estos motivos, los macizos antiguos de Tenerife forman parte de la Red Canaria de Espacios Naturales Protegidos. Anaga y Teno forman parte de Parques Rurales, mientras que buena parte del macizo antiguo de Adeje se encuentra dentro de la Reserva Natural Especial Barranco del Infierno.

Macizo de Anaga
Como resultado los paisajes actuales de estos macizos antiguos están llenos de hitos representativos, especialmente roques con formas particulares que se levantan aquí y allá, y que en muchos casos son señas de identidad para la población local. Esto ocurre por ejemplo con el Roque de las Ánimas, situado junto al caserío de Taganana, o el Roque del Conde, en Adeje.

6.3.7. La “selva” de Canarias: La laurisilva

La laurisilva o monteverde es el bosque húmedo de Canarias por excelencia. Existe en nuestro planeta desde el periodo Terciario (que comenzó hace 65 millones de años y terminó hace 2 millones de años). Desde su origen ha ido evolucionando y cambiando de hábitat para adaptarse a los cambios en el clima y los seres vivos.

Configura el tipo de paisaje natural de Tenerife donde más predominan los elementos bióticos. Está formado por unas veinte especies de árboles muy similares entre sí, acompañados de una altísima diversidad de otras especies de plantas y animales. Esta biodiversidad hace que el paisaje se perciba de forma muy diferente según se observe desde fuera o desde dentro. En el primer caso, las copas de los árboles aparecen como un impenetrable collage de distintos tonos de verde. En cambio, desde dentro, la hojarasca, los helechos, las ramas entrecruzadas o las flores del sotobosque dan una textura y un color particular a cada rincón.

Laurisilva en el Parque Rural de Anaga
Antes de la llegada de la población a la isla, el monteverde se extendía formando una franja continua a lo largo de la vertiente norte. Sin embargo, la calidad de la madera de sus árboles para construcciones y combustible provocó que su extensión quedara reducida a unos pocos lunares aislados. Hoy en día, se está trabajando para que recupere en la medida de lo posible su extensión y biodiversidad original.

Las mejores representaciones de Tenerife están en las cumbres de los macizos de Anaga y Teno, entornos que tienen un gran valor natural. De hecho, la Cruz del Carmen, situada en el Parque Rural de Anaga, es el punto caliente de biodiversidad estudiado más importante de Europa, es decir, el enclave con más especies de seres vivos por metro cuadrado de todo el continente.

6.3.8. Los paisajes más cotidianos: Ciudades y pueblos

Los lugares donde vivimos o desarrollamos nuestras actividades cotidianas, es decir, los pueblos y las ciudades, conforman paisajes dominados por componentes antrópicos.

Especialmente en las ciudades, los elementos predominantes son los edificios de varias plantas, fachadas particulares y colores variopintos, en torno al trazado de calles, paseos, plazas y parques. Son paisajes bulliciosos, con grandes contrastes, y también son los que cambian más rápidamente por la construcción de nuevos edificios, la mejora de las calles y la aparición de nuevos servicios.

Torre de la Concepción, en La Laguna
A pesar de esta lógica evolución, muchos pueblos y ciudades de la Isla conservan sus cascos históricos en buen estado. Estos guardan muchos elementos del pasado, que dan lugar a paisajes con identidad propia, tejida con la historia del lugar y de sus habitantes. Las casas siguen las líneas de la arquitectura tradicional canaria, con una o dos plantas, ventanas de madera y, a veces, cubiertas de teja. En la mayoría de los casos, el centro histórico está marcado por la presencia de la torre de alguna  iglesia.

Estos cascos históricos se conservan en algunos pueblos pesqueros que, en el último medio siglo, se han convertido en un tipo de ciudad particularmente moderna: los núcleos turísticos. En ellos aparecen alojamientos hoteleros, todos con un elemento común: el solarium con una o varias piscinas, que solo se revelan cuando observamos estos paisajes desde miradores situados a mayor altitud.

Aunque hay algunos núcleos turísticos en el norte de Tenerife, como el Puerto de la Cruz, la mayor parte se encuentran en el sur, que es la zona que tiene mejor clima la mayor parte del año. Los ejemplos con mayor trayectoria son Los Cristianos y Las Américas, en Arona y Adeje respectivamente, o Los Gigantes y Puerto de Santiago en Guía de Isora y Santiago del Teide.

Asociado a este desarrollo turístico, el sur de Tenerife ha experimentado en los últimos años un gran crecimiento, de modo que algunos pueblos como San Isidro, Adeje o Las Galletas conforman hoy paisajes urbanos consolidados. Algo similar ha ocurrido entre La Laguna y La Orotava, donde se ha formado una matriz de tipo urbano, de forma irregular pero prácticamente continua, en torno al corredor que conforma la autopista del norte (TF-5).

A pesar de este desarrollo, las ciudades más importantes de la isla siguen siendo Santa Cruz de Tenerife y San Cristóbal de La Laguna. El casco histórico de esta última es Patrimonio Mundial de la UNESCO. Hoy en día, sus elementos históricos se mezclan con muchos actuales, como los  vehículos o los carteles comerciales. Sin embargo, el conjunto sigue siendo un paisaje urbano cargado de valor patrimonial en forma de calles peatonales, casas con historias propias y templos cuidados con esmero.

6.3.9. Retales de tradición: Los paisajes agrarios

Hasta hace pocas décadas, la población de Tenerife vivió en estrecha relación con el campo. La mayoría de los núcleos de población conformaban paisajes rurales con identidad propia, que todavía persisten en distintos puntos de la geografía insular. En ellos, las casas se alinean sobre suelos menos fértiles, rodeadas de parcelas. Las construcciones más antiguas son de piedra y argamasa, con tejado. Solo las más ostentosas tienen dos plantas y exhiben balcones de madera. En el otro extremo están las viviendas más humildes, como las casas cueva o los pajares. En todos los casos, junto a las casas están las huertas, cubiertas de frutales, verduras y hortalizas. En el paisaje, aparecen también estanques, corrales, caminos empedrados… y gente que sigue dando vida y movimiento a estos paisajes de antaño.

En estos paisajes, existen grandes contrastes internos. Generalmente, las parcelas conforman manchas uniformes cuyos colores y texturas varían en función de los cultivos. Todas se organizan en pequeñas terrazas o bancales,  construidos para salvar el relieve de las laderas. En el sur predominan los colores claros mientras que en la vertiente norte, los verdes y marrones se aprietan ante tus ojos.

Plataneras en la costa de San Juan de La Rambla
Buena parte de las medianías de la isla siguen cubiertas de viñedos. La vid es una planta rastrera pero en la mayoría de los casos los viticultores las levantan en torno a unas alambradas de la altura de una persona adulta, que se llaman espalderas. En una isla con un clima y un relieve tan diverso, los paisajes de viñedos varían mucho de una zona a otra. Además, a lo largo del año, las propias parras van cambiando: los arbustos crecen, el follaje cambia de color entre verde y anaranjado, o se viste con los racimos. Y tras la cosecha, la viña se poda para que rebrote con fuerza en la siguiente temporada.

Por otra parte, en muchas laderas próximas a la costa, existe un tipo de paisaje agrícola diferente al de medianías. Son parcelas grandes con un solo tipo de cultivo, que puede ser plantas ornamentales, frutales o tomates, pero, más habitualmente, plátanos. En el norte normalmente están al aire libre, de modo que visto con cierta perspectiva, la cubierta de plataneras domina buena parte del paisaje. En cambio, en el sur los cultivos están dentro de los invernaderos. Por eso, desde un mirador, el paisaje se caracteriza por la presencia de estas cubiertas plásticas que protegen de la excesiva insolación y aumentan la humedad de las plantaciones del interior.

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