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Barranco del Infierno

El principal valor de un paisaje puede residir en la naturaleza que alberga, en que refleja claramente la historia de la zona o en la productividad económica a la que sus características dan lugar. El valor del paisaje puede consistir también en que a través de él podemos identificarnos con nuestro entorno, albergando así un sentimiento de pertenencia, fundamental para el ser humano.

Cúpula de la Iglesia de la Concepción de La Orotava

Se le reconoce al paisaje, por tanto, un valor patrimonial, que puede hacer referencia a nuestro patrimonio natural o cultural.

Por otra parte, los paisajes tienen un valor económico, que es causa y también consecuencia de las actividades que tienen lugar en el territorio. Por ejemplo, los productos agrícolas para consumo interior o para exportación originan un paisaje específico, con valor en sí mismo. También los paisajes con interés natural, las playas y los cascos históricos proporcionan beneficios.

No se quedan atrás los paisajes urbanos, industriales o periurbanos, siempre y cuando estén bien planificados y cuidados. De entrada, serán más apreciados para vivir, para trabajar o para pasar unas vacaciones, y a su vez se generarán espacios vivos, con mucho movimiento económico y social.

Por último, el paisaje es también un elemento de identidad, un espacio compartido por un grupo de personas y, de esta manera, adquiere una dimensión afectiva. Todas las personas nos sentimos identificadas con los paisajes de los que formamos parte. Ocurre con los paisajes donde cada persona ha pasado su infancia o donde se ha tenido una vivencia positiva memorable: un primer beso, unas vacaciones, una fiesta divertida... Por lo tanto, también existe un gran valor simbólico y emocional.

Sin embargo, el modelo de desarrollo en el que vivimos está suponiendo una amenaza para la supervivencia de los paisajes que caracterizan los lugares y las poblaciones: la intensificación de la producción y del consumo es una tendencia global en todos los ámbitos, desde la agricultura hasta el turismo, pasando por la industria, la construcción o las actividades al aire libre. Nuestra intervención es enorme y constante, hasta el punto de que existen pocos paisajes que puedan considerarse estrictamente naturales. Estas transformaciones en nuestro entorno pueden ser peligrosas si suponen la pérdida de la calidad visual y de los valores naturales, culturales, sociales y económicos.

Por eso, es fundamental planificar bien los usos en el territorio, establecer una normativa y actuar de forma responsable, si queremos alcanzar un equilibrio entre vivir con comodidad y tener acceso a todos los bienes de consumo y la conservación del paisaje. Es decir, no se trata de renunciar a carreteras, construcciones o tendidos eléctricos, sino de planificar bien cómo, cuándo y dónde, para conseguir que los impactos sean mínimos.

En esta labor, la responsabilidad no solo la tienen las personas y entidades que planifican y gestionan el territorio. Todos podemos contribuir a mantener los paisajes que deseamos. Así lograremos garantizar nuestra calidad de vida y la de las generaciones venideras.

5.1. Marco legal

Hasta hace relativamente poco tiempo, el marco legal de protección del paisaje venía determinado por los textos jurídicos en materia de  protección y gestión del patrimonio natural y cultural, tales como la Convención sobre la protección del patrimonio mundial, cultural y natural (París, 16 de noviembre de 1972), el Convenio de Berna (Berna, 19 de septiembre de 1979), o el Convenio sobre la diversidad biológica (Río de Janeiro, 5 de junio de 1992), entre otros, y hasta el año 2000 no se formuló un documento específico en materia de paisaje, el anteriormente citado Convenio Europeo del Paisaje. Se trata del primer documento internacional cuya finalidad específica y exclusiva es la protección de los paisajes europeos.

Posteriormente,  la Ley 42/2007, de 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, dedica el artículo 34 a los Paisajes Protegidos, definiéndolos como “partes del territorio que las Administraciones competentes, a través del planeamiento aplicable, por sus valores naturales, estéticos y culturales, y de acuerdo con el Convenio del paisaje del Consejo de Europa, consideren merecedores de una protección especial.”

No obstante, el Convenio dedica también su atención a los paisajes cotidianos y reconoce su importancia para la calidad de vida de la población.

En España, el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino asume la responsabilidad del seguimiento del Convenio Europeo. En líneas generales, se encarga de las tareas de información sobre el estado de la materia en España, difunde los principios y objetivos del Convenio y coopera con las Comunidades Autónomas para su implementación.

Además de esta normativa estatal, en cada región, los gobiernos autonómicos tienen el deber de aplicar las directrices del Convenio Europeo en sus territorios. En Canarias, se encargan de ello el Gobierno Autonómico y los Cabildos Insulares, como veremos en los próximos apartados.

5.2. El papel de la ciudadanía en la protección del paisaje.

Los documentos legales favorecen la ordenación, protección y gestión de los paisajes, pero para que esta se haga real no solo cuentan las actuaciones de las autoridades públicas competentes. También las empresas y los particulares tenemos un papel relevante en su protección y mejora.

Barrio Nuevo, Santa Cruz de Tenerife.

Para ello, algunas Comunidades Autónomas y algunos Ayuntamientos ponen a nuestra disposición herramientas tales como Guías, Ordenanzas municipales, recopilaciones de Buenas prácticas, etc., que nos informan y ayudan a conservar el paisaje. Así, se pueden encontrar recomendaciones para el mantenimiento y mejora del paisaje, ya sea urbano, rural o industrial, como por ejemplo para la armonización de las fachadas de viviendas y edificios, para el uso correcto de la publicidad en los locales comerciales, para el uso de elementos ornamentales, etc. Por tanto, es posible actuar responsablemente y velar de forma conjunta por el uso ordenado y racional del paisaje. Tan sólo es necesario que, antes de emprender una actuación que tiene repercusión en la imagen de nuestro entorno, nos informemos y procuremos buscar las soluciones que más se integren en él.

Si quieres saber más sobre estos aspectos, consulta el apartado de bibliografía al final de este documento.  También puedes ponerte en contacto con tu Ayuntamiento o con el Cabildo Insular, a través del Centro de Atención al Ciudadano (Teléfono gratuito 901 501 901).

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